Cualquier día


Yo no creo en los “días de”, todos los días durante veinticuatro horas, son un día. El día de tu cumpleaños, puede ser un error del registro y llevas media vida festejando el día que no es. En base a esto, tienes trecientos sesenta y cinco días para enfadarte, enamorarte, despertar, dormir, ignorar, regalar, meter la pata hasta el fondo, pedir disculpas, recordar u olvidar. El problema es que nos han creado el uso y costumbre del día.

En estos días pasados, en los que he leído, escrito y pensado mucho, he puesto en orden fotos que siempre están perdidas y encontré la cartilla de sanitaria de la embarazada, de mi madre, justamente la que corresponde al día en que el mundo, tuvo que hacerme un hueco. El resumen es que nací con asistencia de matrona, el 11 de octubre de 1984, a las once de la mañana, el parto duró tres horas, fue eutócico (es decir, sin complicaciones, yo me volví ingobernable, más tarde), monitorizado, pesé tres kilos doscientos cincuenta gramos y lloré espontáneamente al nacer. Por lo que veo, pasaron de medirme, no iban a transcurrir muchos más centímetros en mi vida adulta. Entre las instrucciones de la cartilla, el Ministerio de Sanidad y Seguridad Social felicita a la embrazada por su nuevo estado y añade “El embarazo es una situación normal en la mujer. No haga de él una enfermedad” …los Ministerios, son así…

Cuando yo llegué, habían pasado once años desde el último parto de mi madre y ya era la quinta vez que pasaba por el paritorio. Cuando yo hice aparición estelar, a mis padres, les venía malamente, especialmente a mi madre, que ya había criado cuatro hijos, mas toda la gente de su alrededor de la que se encargó siempre. Aunque en poco tiempo estuvo más para que la cuidasen, que, para cuidar, lo hizo bien, estoy segura, que lo hizo lo mejor que pudo y me transmitió unos valores y miedos, que yo he intentado siempre poner en práctica e ignorar, respectivamente.

Ayer, casualmente y sin recordar qué día dicen que es hoy, en la cena hablamos un rato de gente decidió traer vidas al mundo, sin pensar demasiado las consecuencias. Lo hicieron por el empeño de formar una familia a toda costa, o mejor expresado, a costa de sus hijos, que se criaron sin un apego seguro y eso marcó toda su vida adulta.

Yo no he formado una familia, ni he dado a luz nunca, no tengo licencia para opinar sobre lo que supone, mental, física e incluso materialmente, traer vida a este mundo y encargarte de ella, me parece un trabajo de precisión, una cirugía mayor. Sin embargo, en estos días encontré fotos de personas que, para mí, eran familia y no nos unía, ni un solo lazo de sangre, pero sólo de ver sus caras y sus poses, me muero de risa, me lleno de cariño y en el caso de quien ya no está, me da mucha nostalgia. También encontré fotos de personas que están en mi árbol y, sin embargo, como todos los bosques, ha necesitado una poda, esas fotos son como ver una postal de un sitio en el que nunca has estado, no te despierta nada, tú no puedes extrañar un lugar que no ha estado en ti. Establecer un vínculo afectivo duradero, que vaya más allá de tu existencia física en la tierra, no necesita sangre, necesita ganas.

Se supone, que dentro del calendario marcial que nos han impuesto, hoy es el día de la madre. Esta imposición, lo que consigue es que, para mucha gente, sólo sea hoy y el resto del año, vivan desmemoriados, porque todavía no toca. Pues resulta que toca y, de hecho, esta y todas las demostraciones de amor o admiración hacia alguien, deberían tocar o no…cualquier día, rebélate al calendario.

Todos los días son días y todo el cariño es cariño, en cualquier momento, país, casa o memoria.

Fotos: El Ministerio y sus pruebas periciales. Mi madre y yo, cualquier día.


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