El invernadero


Uno sabe que está vivo cuando le duele algo, que es capaz de soñar, cuando duerme, que es capaz de dormir, cuando temporalmente no está despierto. Sabe cuánto quiere, cuando no puede soltarse, que está obsesionado, cuando lo piensa todo el rato, que está muy alto el volumen, cuando no puede oír nada más…uno se da cuenta de cómo ha cuidado el invernadero, cuando se ausenta del cuidado de sus plantas. En otras palabras, uno sabe, cómo cuidó su jardín, cuando está malo.

Una vez, comprando plantas en un invernadero, la chica que me atendió, contestó todas mis dudas sobre una planta en concreto y a mi pregunta ¿Y si la pongo en un sitio donde le da luz, pero no es luz solar directa, se dará? Soltó la maceta en mis manos, me contestó y retó al mismo tiempo… ¿Tú podrías vivir sólo con agua? Podrías vivir un tiempo…pero para vivir bien, necesitas, agua, comida y sol…pues con esta planta, pasa lo mismo. Esa muchacha, que sólo quiso decirme, sin llamarme tonta, que… ¡Qué coño pregunta es esa! Me dio una lección sobre las relaciones de todo tipo, cuando yo solo compraba una planta de interior.

Estos días, los he pasado apartada de lo que normalmente es mi vida. Yo siempre estoy estresada, necesito adrenalina, en un templo budista, me echarían en menos de una hora. Relacionarse es una semilla, de la que puede salir cualquier cosa o puede no salir nada. En el caso de salir, ¿Puede vivir sólo con agua? Un tiempo sí. Sólo con emoticonos, monosílabos y silencios, una relación de cualquier tipo, puede sostenerse un tiempo, pero le faltan nutrientes, está condenada a marchitarse.

En estos días, me he dado cuenta, de que, dentro de mi desastre habitual de no devolver llamadas, desaparecer de vez en cuando y prometer quedadas, que nunca ocurren, sin embargo, he nutrido debidamente mis plantas o lo que es lo mismo, mis relaciones. No he parado de recibir mensajes que me hacen reír, artículos de prensa, canciones, recomendaciones de todo tipo, promesas gráficas de cuando volvamos a los bares, paisajes, audios, disparates varios, todos en torno a saber si estoy bien o mal. En estos días, he recordado todo el tiempo, aquel día en el invernadero.

Cuidar una relación, implica, la paciencia de esperar para verla crecer, podar todo lo que ya no te sirva, no deje crecer a la planta o simplemente nunca esté, si estabas equivocado, volverá a brotar. Supone regar debidamente, darle luz, nutrirla, que se traduce en recordarle que le quieres, que le extrañas, que va perdiendo su equipo de fútbol, saber si hoy está bien o mal, que esta canción te recuerda a aquel día, que te has comprado el libro que te ha recomendado, que se ha puesto el sol, pero mañana vuelve y vuelve para todos.

Hubo un tiempo en el que casi me convencen de que soy muy mala en jardinería, que me cargo todas las plantas, que arraso con mi ímpetu a todo el mundo. Me tenían casi convencida, pero otras personas me dieron tratamiento contra esa plaga, me regaron, me nutrieron y me pusieron al sol, recordándome que el papel de planta y jardinero, es el mismo para todos, todos nos necesitamos alguna vez, pero no todos estamos cuando nos necesitan.

Piensa en toda la gente que te importa, que, de una forma u otra quieres o te quieren y cuando lo hayas hecho, piensa en si las cuidas y nutres debidamente o solamente les echas agua de vez en cuando. Si estás haciendo lo último, una muchacha con unos guantes llenos de tierra, me dijo un día, que sólo durarán un tiempo.  

Foto: Algunas de mis plantas de la azotea… ¿No se me dan tan mal no? Pues te aseguro, que necesitan mucho más que agua.


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