-La vuelta al polen-


Cuando llegué al trabajo esta mañana, aún era de noche. Tengo prisa por entrar y salir pronto. Tengo prisa y punto. Me dió igual ir, siendo mi segunda noche casi sin dormir porque empiezo a rumiar todo lo que tengo pendiente del trabajo, de la vida, de mi. Yo me he acostumbrado a vivir, surfeando una ola de cortisol y el día que rompa esa ola, me va a engullir.

Dicen que la culpa del estrés colectivo en el que estamos sumidos de repente, es de la vuelta al cole, en síndrome postvacacional, yo creo que es la vuelta, pero la vuelta al polen.

En la calle, la gente cabreada, se dejaba sístole y diástole contra la pita del coche. Se cruzaban en los pasos de peatones, sin sonreírse, no sabes por qué, pero de repente algo o alguien desborda tu paciencia por un motivo, que el quince de agosto, te daba exactamente igual.

Somos abejas estresadas, haciendo todo el rato, aún no sabemos qué, pero es obsesivo, tienes prisa, estás cabreado, tienes que llegar, al mismo sitio exactamente, pero ahora cabreado. Tu crees que estás cumpliendo un objetivo fundamental polinizando y simplemente estás corriendo en la rueda de un hamster, porque las cosas que te hacen especial, que te hacen feliz, jamás llegan desde el cabreo, siempre llegan desde la calma.

Entiendo que es muy difícil, convencernos, pero no estás haciendo nada que no hicieses un día en el que estabas tranquilo, tiene un resultado más catastrófico y… ¿Sabes qué? Las abejas son más necesarias e imprescindibles que cualquiera de nosotros…déjalas trabajar y vive como el día en que, con las mismas responsabilidades, algo te ilusionaba y esa ilusión te convertía por veinticuatro horas, en alguien de antes de la vuelta al polen.

Foto: Montaña sagrada de Tindaya, enviada por alguien a quien ahora mismo, polinizar le importa poco.


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