Si yo fuese tú


Yo me senté a explicarle algo que me había pasado. No dijo nada durante más de media hora, no levantó las cejas, no cambió ni un ápice su expresión corporal hasta que yo guardé silencio. A mí el odio o la ira, no me pueden casi nunca, son un cáncer indetectable, que, aunque no lo creas, si no desaparece, te mata lentamente. Puede que mueras tarde, pero morirás odiando y no se me ocurre peor forma de irse a tomorrowland que odiando.

Sin embargo, soy humana y como sentimiento posible en cualquier cuerpo, el odio y la ira, alguna vez me pueden y me convierten en alguien a quien analizo semanas después y me despierta una lástima y una sensación de pérdida de tiempo infinita.

Me escuchó, normalmente nos entendemos a la primera y proceso al minuto todo lo que me transmite, aunque no me guste un pelo, porque siempre es un cuestionamiento a cómo lo hago o cómo percibe el resto que lo hago. Esta vez, no pude entenderle a la primera porque iba seca de batería, tenía los bornes oxidados y el líquido residual, que no me alcanzaba para arrancar, era odio sin procesar. Siempre que me escucha me da caña, pero esta vez, me dio el ingenio azucarero completo. Probablemente me lo merezca, por guardar tanto secreto y hacer siempre como que no pasa nada.

Al despedirnos, le pregunté qué creía que tenía que hacer y más o menos me lo dijo, solo que añadió, esto es lo que deberías hacer…aunque si yo fuese tú (jñdjgirnwdbviekensdnrofnaansn) y más cosas que no se pueden traducir, porque le transmití un tazón llenito de mi ira. Si llega a ser yo en mi situación, la embestida de un miura, se hubiese quedado, bastante corta.

La relatividad del «si yo fuese tu», parte del hecho indiscutible de que no lo eres y ese hecho condiciona todo lo demás, especialmente en las personas, que, como yo, son bastante impredecibles. Es una frase que depende del día, de la hora, depende hasta de lo que has desayunado, depende fundamentalmente de ti, pero no la estás diciendo tu. No es un consejo, no es una orden, ni una receta, es una transposición de mí a ti, pero sin ser tú, porque eso…es imposible. Cuando intentamos ser otra persona por diez minutos, contaminamos sus intenciones, sus aciertos y lo más importante, sus catástrofes (tan necesarias para aprender). ¿Cuántas veces te han dicho el “si yo fuese tu”? ¿Cuántas lo has dicho, sabiendo que ni de coña eres capaz?

Yo escribo todos los días, pero cuando escribo algo que voy a publicar, sufro el pánico de no saber hasta quienes llega y qué consecuencias tendrá, porque a quien llega, no soy yo, casi nunca sabe exactamente qué hay detrás de lo que escribo. Dice Ida Vitale, que una es responsable de lo que escribe, durante una semana. Si yo fuese tú, durante una semana, no leas esto.

Foto: pese a mi labrada fama, todas las semanas me pongo frente a esta barra y no pido na-da. Si yo fuese yo, no me la perdería, sinceramente, no sé lo que harías tu…


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *