Volverse a ver


Estaba muerta de frío, cansada de caminar y aún más, de comer. Necesitaba un café, si quería mantener mi osamenta en pie. Estaba en La Latina, acababa de salir del Ricla, de comerme un postre: cecina y vermú. Cruzando la acera, hay un café, con la luz tenue y un grafiti de las meninas en la pared. Llovía a cántaros. Podría haberme concentrado en mi café, con su capita de canela, que poco a poco me devolvía a la vida, pero como siempre me pasa, mi cuerpo se quedó en mi mesa y la mitad de mi atención, se fue, a la mesa contigua.

Llegaron, él, era un caballero, que deja su sombrero de paño, empapado en la en la silla, probablemente el único paraguas que tienen, lo ha destinado a ella y por eso está empapado. Ella una señora, totalmente atípica para la edad que aparentaban tener, es una mujer que, sin dejar de ser elegante, viste de forma actual, le caen unos rizos canosos en la frente y tiene toda la pinta de devorar libros. El lenguaje corporal y los ojos de la gente, me matan, nunca me mienten y me hipnotizan.

No son un matrimonio, tampoco son hermanos, pero no pueden parar de mirarse y admirarse, sonríe uno, lo hace el otro. No quieren que el café se termine. El mueve una pierna, nervioso, cada vez que espera una frase de ella, en respuesta a lo que le ha dicho. Además de los nervios en la expectativa de respuesta, tiene un hematoma en la mano, es enorme, es el típico hematoma, de quien lleva un tiempo en el hospital con una vía y ya tiene el pellejo, cerca del hueso. De esa mano, de la forma en que se miran y se hablan, entiendo que llevan tiempo sin verse y se les ha hecho eterno.

En mi mesa había café, en la suya había química, pura y dura. La química de esa mesa, no se puede crear, existe o no y cuando existe, no puede esconderse en ningún sótano. Estaban solos, pero aún sentados con cien personas, la química iba a seguir detenida entre los dos. La química, no es un caldero de lentejas, no se puede hacer con mucho cariño, no puede salir de ningún esfuerzo y constancia, la química lamentable y afortunadamente, nace y muere, sin que podamos hacer nada.

La química, acojona al ser humano racional, es normal agobiarte si viene una ola y no sabes nadar. La huida, es lícita, igual de lícita, que lo que ocurrirá cuando vuelvan a coincidir. Uno puede esconderse de casi todo, menos del destino, sortearlo lleva esfuerzo y cansa. La química en algunas ocasiones, implica riesgos, no deja de ser un ensayo, del que puedes salir totalmente chamuscado y es normal que corras como un galgo.

En la mesa contigua, había por tanto, química, dos cafés, dos niños de casi ochenta años, rodeados de jóvenes, en un café de moda. Podrían haber estado en un solar, para ellos no existía nada alrededor. De fondo sonaba “Miss You” de los Rolling Stones…vaya causalidad, sin duda, se extrañaban. ¿Nunca te has paralizado al volver a ver a alguien? Pellízcate, estás medio muerto o muerto del todo.

Este texto, que hice el cinco de diciembre, en Madrid, iba a llevar la foto de la servilleta en la que empecé a escribirlo, me gustó tanto la escena, que salí pitando a mi habitación para pasarlo a mi libreta, antes de que el vermú lo borrase de mi memoria. Lo siento por los Rollings, pero este texto lleva canción y no es suya, quiero que sea esta, porque tiene todo lo que vi en esa mesa, café, volverse a ver, gente que se extraña, gente que no hay un día que pase…que no se piensen.

A mí me da igual que no me lean, yo escribo para no implosionar, pero las canciones son sagradas, cuando te dan una canción, siempre, siempre hay que oírla. Este texto va por todos los que quieren volverse a ver, los que se han visto y los que no quieren volver a verse jamás…en todos los casos la ausencia y presencia de química, hará el resto, quieran lo que quieran.

P.D: Este CD entero, es caviar.


2 respuestas a “Volverse a ver”

  1. Siempre con esa escritura tan limpia y descriptiva. Te leo y es como una pintura, una foto. Y tan bonito lo que cuentas. El temazo, también, de lujo. Gracias, Carla. Ahhh, y yo siempre deseo volverte ver. TQ

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